Es un icono de los desayunos, el rey de las mañanas, el acompañante ideal del café con leche… Pero también es mucho más que eso. El croissant, o cruasán según la RAE, el clásico “bollo de hojaldre en forma de media luna”, vive una etapa de reinvención. 

¿Cuántos tipos de cruasán conoces? Te presentamos los más innovadores.

 

El croissant, un clásico que no pasa de moda

De momento, la simplicidad del cruasán tradicional no tiene competencia. A todos se nos viene a la mente una imagen muy similar cuando pensamos en un cruasán: una masa enrollada, más gruesa en el centro que en los extremos, que luego se deja con forma recta o se curva para darle forma de media luna o cuerno.

El cruasán se elabora con masa de hojaldre, de ahí su característico sabor a mantequilla. Si está bien hecho, el exterior es dorado y de textura crujiente, mientras que el interior es blando y esponjoso, muy alveolado (con cavidades, fruto de los gases que se producen durante la fermentación).

Al morder, debe haber contraste entre la corteza crujiente y el interior, tan aireado y ligero que casi tendría que fundirse en la boca. Además del aroma, claro. ¿Quién no se ha girado al pasar delante de un establecimiento que está horneando cruasanes? 

Como en cualquier otra preparación, la clave del sabor está en los ingredientes. En este caso, para elaborar un hojaldre memorable es necesario añadir mantequilla fresca de calidad o manteca. También es importante emplear una buena harina de fuerza, respetar los tiempos de fermentación y amasar con paciencia, estirando y plegando la masa.

Así se consigue un hojaldre de hasta 500 capas, con el que se elaboran los cruasanes excepcionales que tenemos en nuestro catálogo

 

¿Cuál es el origen del croissant?

No se sabe a ciencia cierta cuál es la historia del cruasán que, como buen clásico, está rodeada de mitos. 

Se dice, por ejemplo, que fueron los panaderos austríacos los que le dieron esa forma de media luna, recordando la iconografía de la bandera turca, para celebrar la victoria sobre los otomanos en la batalla de Kahlenberg, en 1683. ¿Cierto? Los historiadores no lo creen, pero la historia sigue circulando.

En realidad, parece que el cruasán es una evolución del kipferl, un bollo tradicional de la Europa del Este, que llegó a París de la mano de un empresario austríaco, a mediados del siglo XIX. August Zang, así se llamaba, abrió la famosa Boulangerie Viennoise en París y presentó en sociedad al kipferl, que luego evolucionó hasta convertirse en el clásico croissant francés, elaborado con láminas de hojaldre.

Y de ahí hasta hoy, porque el cruasán se ha expandido y es posible encontrar elaboraciones impecables prácticamente en cualquier lugar del mundo.

Hablamos del cruasán clásico, por supuesto. Pero la receta ha evolucionado y hoy podemos probar variedades atrevidas y muy diferentes a la elaboración clásica, aunque todas conservan un poco del espíritu original. 

 

Imaginación en los obradores: la revolución del croissant

Pues sí, los profesionales de la repostería han mirado hacia la clásica media luna y se han puesto a innovar. 

En los últimos años proliferan en el mercado diferentes creaciones que desafían al cruasán tradicional, aunque sin conseguir desbancarlo. El de media luna continúa siendo el preferido del público, que también acepta probar las diferentes combinaciones. 

Muchos reposteros se han lanzado a reinterpretar el cruasán experimentando con ingredientes, probando rellenos imaginativos y cambiando la forma, sin duda, lo más subversivo. 

Así, podemos encontrar variedades visualmente muy atractivas que llaman la atención de consumidores de todo el mundo. El cruasán gusta tanto que no hay miedo a experimentar: mientras el sabor recuerde al original, (casi) todo vale.

Por ejemplo, algunos reposteros sustituyen la mantequilla por manteca de cerdo, más tradicional en España. El veganismo ha contribuido también con su propuesta de dejar atrás las grasas animales y usar margarina vegetal, aceite de oliva virgen extra (AOVE) o aceite de coco, con la idea de hacer una propuesta más saludable, sin grasas saturadas. 

No cabe duda de que los puristas, amantes del cruasán, seguirán siendo fieles a la receta tradicional elaborada con abundante mantequilla fresca, pero siempre es positivo que haya opciones para todos.

 

5 variantes del croissant que hay que probar

La imaginación tiene un papel importante en la repostería, una prueba es la variedad de combinaciones que surgen a partir del cruasán tradicional y que ofrecen interesantes experiencias degustativas. Ahí van 5 ejemplos: 

  1. Pan de cruasán: que una conocida marca de panadería industrial sacase al mercado una combinación de cruasán y pan de molde, es una muestra de lo receptivo que es el consumidor a este tipo de innovaciones. Ahora mismo es posible encontrar este tipo de pan, cercano al brioche, en muchas pastelerías y panaderías.
  2. New York Roll: la moda de elaborar cruasanes redondos se ha extendido como la pólvora, y desde Manhattan (donde se formaban largas colas para conseguirlo) ha volado a todo el mundo. Se trata de una masa enrollada y cortada para que quede con aspecto de círculo. La textura es más densa y apelmazada que el cruasán. Si a eso le sumamos los rellenos que se le añaden, el resultado es un dulce bastante contundente. 
  3. Cronut: un híbrido entre cruasán y donut. Se trata de una marca registrada por Dominique Ansel, pastelero francés radicado en Nueva York. Lo lanzó en 2013 y ese año fue elegido por la revista Time como una de las mejores invenciones del año. 
  4. Cruffin: otra creación que surge al poner masa de cruasán enrollada en un molde de muffin. El resultado, una magdalena gigante que se rellena con cremas de diferentes sabores.
  5. Torrisán: la innovación llega también al mundo de las torrijas y ya se encuentran versiones elaboradas con pan brioche y con cruasán. 

¿Qué te parece toda esta variedad? ¿Te animas a probar? Si no, siempre puedes volver a las versiones de la pastelería tradicional y disfrutar del increíble sabor de un sencillo cruasán. 

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